22 octubre, 2013

William Fergusom

Rompemos la mentira, forjamos la verdad
William Fergusom es mi nombre, pero la mayoría de mis conocidos me conocen como Dr. Fergusom, y los pocos que no lo hacen, simplemente Will. He sido profesor de filosofía en la universidad de Harvard durante casi 40 años. A los 60 me prejubilé por motivos que te detallaré mas tarde, muchacho, pero debes saber que desde ese momento hasta hoy, a la edad de 71, he estado rompiendo mitos y dando conferencias sobre fraudes en la misma universidad en la que he estado tanto tiempo. Es como seguir trabajando para tus antiguos jefes, pero sin cobrar.

(El viejo esboza una sonrisa como si ese hecho le importase bien poco)

¿Qué acaba de pasarte?

Hay sucesos en la vida de toda persona que dan un giro de 360 grados a su visión del mundo. Para mí solo existía el trabajo. Quería a mi mujer, no te equivoques, chico. Pero mi trabajo me absorbía. Mi mujer, fiel como las esposas criadas en la década de los 50, aguantaba todas las noches en vela que yo pasaba escribiendo e investigando, y todos los fines de semana de conferencias y reuniones con otros catedráticos. Ella me insistía en que quería ver el cañón del Colorado. Le hacía tanta ilusión. Desde pequeña, ¿sabes? Las circunstancias me impidieron llevarla por nuestro viaje de bodas. Aunque puedes imaginarte que "circunstancias" aquí puede leerse como "trabajo". Desde entonces ha sido un viaje que he ido posponiendo por mi obsesión.

(El anciano hace una pausa en la que su mirada deja patente que estaba reviviendo algo que no debía ser revivido)

Hace 11 años mi mujer murió sola en casa debido a un derrame cerebral. Yo, como puedes imaginar, estaba en la universidad echando horas extra. Murió sola. ¿Podría haberla salvado si hubiera estado ahí? No lo se, pero extrañamente lo que más me atormenta es el pensamiento de que murió esperando que la llevara al cañón. No tienes ni idea de las veces que me he reprochado ese viaje en estos últimos 11 años. Pocos meses después de eso, casi me voy con ella. Me dio un infarto de miocardio. Pero yo tuve más suerte. Estaba en la universidad y mis colegas de profesión llamaron a la ambulancia. Ese mismo día dejé la universidad.

Desde entonces... tengo miedo.

¿Qué te mantiene despierto?

Cualquiera puede pensar que a mi edad se pierde el miedo y la vergüenza casi totalmente. Debo decir que hasta hace poco era así. Pero cuando estás al borde de la muerte, la cosa empieza a cambiar. Te asaltan las dudas. Empiezas a preguntarte si has hecho todo lo que debías o podías con lo que la vida te había dado. Y lo cierto es que no lo he hecho.

Para mi ese roce con la muerte me asaltó hace 11 años, en la forma de infarto de miocardio. Estuve realmente cerca de dejar este mundo. Pero el miedo a morir está fundado no en las cosas que te quedan por hacer, si no en las cosas que no puedes hacer ya en este mundo. Deja que me explique. He dicho antes que mi mujer murió sola y sin realizar el viaje que llevaba esperando desde la niñez. Eso pesa sobre mi conciencia y lo hará hasta el día en que deje este mundo. Pero... ¿y si no se deja este mundo? ¿Y si lo que ocurre es que se deja de existir? ¿Y si no hay nada más? ¿Y si mi mujer no está esperando porque ya no exista en ningún lado? ¿Y si tras mi muerte no podré pedirle jamás el perdón que tanto he ensayado?

Necesito saberlo. Antes de morir debo descubrir una prueba de que hay algo más al otro lado. ¡Debo descubrir que hay otro lado realmente! Necesito saberlo para que mi alma descanse ante la perspectiva de encontrarme de nuevo con mi mujer. Por eso me uní a los Rompe Mitos.

¿Qué hay en la superficie?

Cualquiera que me conozca de hace poco... incluso de los que me conocen desde hace mucho, pueden pensar que soy un viejo amable que se niega a dejar la universidad y del que nunca se le oye hablar de otra cosa que no sean sus charlas sobre mitos rotos. De hecho, cualquiera podría decir que no quiero creer, que todas estas desmitificaciones son mis triunfos...

¿Qué hay dentro?

...cuando en realidad son mis decepciones. Por dentro estoy asustado. Cada investigación a la que asisto termina en fraude o en nada. En nada. Precisamente lo que temo con toda mi alma ahora mismo... si es que de verdad tenemos una. Poco a poco siento que mi animo se esfuma. Y que mi fin se acerca. Cada vez pierdo antes el aliento al subir los pocos tramos de escaleras que hay para subir a mi casa. Hoy un escalón menos que ayer. Y mañana un escalón menos que hoy. No quiero morir antes de descubrir una prueba del otro lado... y no se que sería capaz de hacer para evitarlo. 

¿Cuál es tu camino?

Sin duda, muchacho, lo que estoy haciendo es lo único a lo que quiero dedicar lo que me resta de vida. Los Rompe Mitos son para mi, no una forma de desmentir embustes, si no una manera de encontrar la prueba irrefutable de que, realmente, hay algo más allá de la vida terrenal. Simplemente quiero conocer el lugar al que me tocará viajar dentro de poco, muchacho.

Luchar (0) / Huir (3)

Talento de agotamiento (sueño reparador)

Precisamente lo contrario. Noches enteras de investigación y de libros, unidos al bajo metabolismo de un anciano, hacen que este hombre pueda vivir con solo unas pocas horas de sueño cada noche, y algunas cabezaditas esporádicas durante el día (se puede dormir si no le interesa una conversación lo suficiente).

Talento de locura (biblioteca humana)

Locura: toda una vida entre libros hacen de este hombre un verdadero sabio. Puede localizar en su memoria en un par de segundos cualquier dato que pueda encontrarse en una biblioteca durante horas de investigación. Aunque tiene que admitir que ciertas "áreas" de su "biblioteca" empiezan a quedarse sin libros. Cosas de la edad.

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