22 diciembre, 2011

Cofradía de los Hermanos de la Costa


Vigésimo tercer día del cuaderno de Bitácora.
Capitán Lourch Kale, al mando de La Sirena Tuerta.

Hoy es el cuarto día desde que salimos de Valniriah y ese barco nos viene pisando los talones. Cada vez es más difícil esquivar las milicias locales. Por suerte, mi tripulación no rehúye el combate, no obstante, no será necesario batirse en duelo con la fragata en pleno mar. No hace mucho el vigía ha divisado los Arrecifes, será un placer ver como ese barco encalla ente las rocas mientras La Sirena baña, con olas de plata en cada uno de los precisos virajes, los Arrecifes, decorados con tantos barcos que han encontrado ahí el fin de sus días. Benditos arrecifes, bendito hogar.

Piratas: La palabra pirata tiempo ha fue sinónimo de “el que emprende” o “el que prueba fortuna”. Hoy día la palabra se asocia a aquellos que actúan fuera de toda ley, para su propio beneficio y a lo largo y ancho de los mares.

Los piratas, en los mares y océanos de Këllon, nunca habían supuesto demasiados problemas, pues dar caza a barcos de manera aislada no era tarea complicada. Por esa razón, decidieron unirse y fundar la Cofradía de los Hermanos de la Costa, con el fin de hermanarse hacia un mal común. Hoy en día lo único que se sabe, aparte de que pronunciar el nombre de la cofradía tanto en puerto como en mar es de mal fario, es que la sede de los piratas se encuentra a en algún punto de los arrecifes del Sur.

Costumbres: A través de los tiempos se han podido observar ciertas conductas que han ayudado a entender mejor a los enemigos de las buenas gentes del mar.

Es costumbre de los piratas que en cada barco vaya tallado un código de abordo en el casco. Este código es independiente de las directrices de la cofradía y deben cumplirlo todos los miembros mientras estén a bordo del barco, incluso el capitán, que es el único que puede añadir nuevos códigos de abordo. En caso de que un capitán se apodere de un barco, deberá respetar el código de ese barco cumpliendo y haciendo cumplir el código, lo que no le exime de incluir nuevos códigos. Además, existe una segunda tradición en la que el pirata, por cada vez que salga con vida de un encuentro contra un monstruo marino, deberá ponerse un pendiente o anillo.

Otra costumbre, desvirtuada por la prosa y la tradición oral, es la del pirata celoso de su tesoro que lo esconde en una isla perdida. Los piratas no entierran sus botines corriendo el riesgo de que alguien los descubra, lo gastan todo hasta una nueva expedición.

Los hermanos de la cofradía tienden a protegerse entre sí ante la amenaza de los navíos de la milicia, y no dudan en refugiarse en las instalaciones fortificadas de los arrecifes que han tomado por suyos. También suelen mantenerse a salvo mediante sobornos en algunas ciudades portuarias del continente.

Los castigos más comunes entre los piratas que infringen las directrices son: la quilla, que consiste en atar al condenado por los pies con una cuerda y pasarla por debajo del barco hasta el otro lado, luego se tira de ella haciendo pasar al sujeto por toda la quilla, sufriendo asfixia y múltiples heridas por los moluscos y cabezas de clavos adheridos al barco. Otro castigo común es el maroon, que consiste en dejar al condenado abandonado en una isla desierta con un poco de agua, una pistola, balas y pólvora. El sujeto suele morir de hambre, sed, por herida de bala o ahogado cuando sube la marea y la isla es pequeña.

Código de conducta: Una vez firmado el contrato vinculante con la cofradía, todo pirata miembro de la misma queda atado al código.
  • Todo hermano de la cofradía tiene derecho a no partir en expedición pirata si no lo desea.
  • Todo hermano de la cofradía tiene derecho a indemnizaciones, previo acuerdo con el capitán, en caso de perder un miembro o parte de él.
  • Todo hermano de la cofradía tiene derecho a saber qué parte del botín le corresponde previamente a la expedición, así como de nombrar un heredero de éste en caso de muerte.
  • Todo hermano de la cofradía debe respetar la patria, etnia o religión de todos los hermanos.
  • Todo hermano de la cofradía tiene derecho sobre las esclavas en los arrecifes, no estando permitidas mujeres libres acompañadas, ni propiedades de tierra.
  • Todo hermano de la cofradía que infrinja alguna de las directrices de la hermandad o no respete las normas de abordo será castigado bajo la quilla, maroon o con muerte directa.
  • La Cofradía de los Hermanos de la Costa no puede inmiscuirse en la libertad de ningún miembro, teniendo que arreglar los asuntos personales según convengan las partes implicadas.
  • Todo hermano de la cofradía es libre de abandonarla a su suerte, dejando de beneficiarse de la protección de los Arrecifes, así como de la propia Cofradía de los Hermanos de la Costa, bajo pena de muerte si vuelve.

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