02 marzo, 2012

[OFICIAL] Diario de personajes: SKOTADINOMICON


Hoy comenzamos una serie de posts realizados por nuestros estimados embajadores, en los que se nos presentará, a través de sus propios personajes, su visión de lo que es (o debería ser, puesto que el principal objetivo de estas entradas es extender nuestro universo) Taura: Lands of Alchemy. Os dejo con un texto original de Rafael Ruiz Dávila, director editorial de la revista LaRAÑA y, por supuesto, embajador de Taura.


“Diario de un becario de la Universidad de Dunkel”

Prefacio

Por ahora no escribiré mi nombre aquí, hasta estar seguro de que todo aquello que mis palabras reflejen quedará en sumo secreto, y los únicos susurros testigos de ellas sean el rasgueo de mi pluma sobre el papel y el sordo sonido del silencio.

El crecer en una familia con un gran poder adquisitivo puede parecer una bendición, según en el lugar en el que hayas nacido. Si el cabeza de familia ostenta un título, es el primogénito el que tiene derecho a reclamarlo. Y nadie más. Los demás prueban suerte, ya sea en la religión... o en la alquimia. Nunca he sido un gran admirador del celibato, el dinero es a veces el mejor compañero para ir de putas y, cuando la bolsa está llena, el alcohol y las mujeres corren con más energía que la sensatez, pudiendo ahogarse uno tanto en un barril de vino como entre las piernas de una joven furcia. No, la iglesia no estaba hecha para mí.

En cuanto tuve la edad suficiente, expresé mi deseo de entrar a estudiar en una Universidad, y alquimia, nada menos. Si no iba a disfrutar dilapidando el dinero de la familia, al menos amasaría el poder suficiente como para llenar ese hueco de mi corazón, mientras otros placeres rellenaban mi hígado y yo, a la vez, rellenaba las “vidas” de cuanta joven se pusiera en mi camino. Bragge estaba lejos, demasiado, y la verdad es que nunca me gustaron ese montón de remilgados estudiantes de alquimia tan perfectos y estirados. No, mi objetivo se había posado en la Universidad de Dunkel. Casi en la frontera, la “universidad oscura”, como la llamaban algunos legos, estaba sumida en el misterio; se decía que la metamagia se mezclaba con las enseñanzas alquímicas, que las clases de teología enseñaban la posibilidad de existencia de otros mundos, otros seres, otras posibilidades... Muchos integrantes acababan tatuándose extraños símbolos a lo largo de los años de estudio y su número aumentaba conforme ascendían en la escala del conocimiento. Y las fiestas, oh, eso era lo mejor. Las escapadas a la cercana aldea de Wasjaß eran una de las tradiciones con más resonancia en la región. Debo decir con toda sinceridad que, cuando me inscribí, y entré en Dunkel, mis expectativas se quedaron cortas con lo que me había imaginado. Las fiestas, la diversión, todo era real, y más aún. Incluso existían unas especies de “hermandades” o “fraternidades” de alumnos que se alojaban en las mismas habitaciones llamadas “cofradías”. Cada cofradía había sido fundada por un antiguo alumno, después profesor, y cada una tenía sus símbolos, sus lemas, sus tradiciones, sus luces... y sus sombras. Los preceptores... bueno, ya escribiré en otro momento de las cofradías. Baste decir que todo lo que alguien pueda imaginar mientras busque placeres terrenales... los encontrará, y aumentados, en Dunkel mientras es estudiante: las competiciones daban paso a las peleas organizadas, las borracheras a auténticos templos del consumo de las más extrañas sustancias, las fiestas y reuniones a auténticas y desenfrenadas orgías... no era raro acabar con varias novatas en la cama muchas noches como parte de su “instrucción” por parte de los veteranos, y menos aún las peleas de gallitos o gatitas por una u otra tontería. Sin embargo, al contrario de lo que pueda parecer, el estudio era de férrea disciplina; no importaba que no hubieras dormido en toda la noche o que hubieras cogido siete enfermedades en la entrepierna, no se faltaba nunca a una explicación, no se dormía en el laboratorio, no se tenían ausencias. Se decía en mis tiempos de estudiante, que las mazmorras del castillo (¿no mencioné lo del castillo?) estaban atestadas de estudiantes vagos y buenosparanada. Sonaba a cuento de tata, pero nadie estaba dispuesto a comprobarlo. Pero incluso aquel aire marcial tenía su atractivo. No eran pocos los que se deslumbraban con una de las salidas con más adeptos de la Universidad de Dunkel, Alquimista de Batalla, aunque tampoco las artes se dejaban de lado. La carne, la piel y la sangre eran tanto un medio como un objetivo en bastantes campos de conocimiento alquímico de Dunkel, como intentaré desentrañar más adelante. Sí, la vida de estudiante era increíble en la Universidad de Dunkel. Pero todo eso cambiaba cuando cambiabas de estatus y veías todo lo que había detrás. Todo. (CONTINUARÁ...)